PARTEAGUAS
Por Armando
Berrones
“A chillidos
de marrano, oídos de carnicero” es una frase popular que supone las quejas,
reclamos e indiferencia que experimentan los diversos sectores sociales por
parte de la clase política tamaulipeca.
Es una
observación singular de quien esto escribe, pues pasa el tiempo y los problemas
no se resuelven y se trasladan a las siguientes administraciones porque la
urgencia política es inatacable y no puede ser de otra manera.
Lo anterior
tiene su raigambre en lo que pondero de la declaración de la COPARMEX en el
Estado, a través de su presidenta, Dolores Ramírez Andrade, quien en reciente
entrevista dejó en claro que se tienen obstáculos infranqueables al momento para
que la inversión extranjera directa llegue a Tamaulipas:
Los
problemas de inseguridad, la falta de certeza jurídica y desde luego, la
carencia de una adecuada infraestructura eléctrica, hidráulica son elementos
fundamentales para incrementar la competitividad. Son las ventajas estratégicas que las grandes
empresas analizan para direccionar sus inversiones en tierra firme.
Ante ello, los
3 niveles de gobierno deben trabajar de común acuerdo para ofrecer estas
bondades, que a la postre generen empleo, rentabilidad y prosperidad en las
distintas zonas del estado.
¿Lo harán
los diversos actores políticos o seguirán en la ataraxia?
Puro
estoicismo, señores!!!
DEUDA
PÚBLICA PODRÍA GENERAR DEVALUACIÓN
De seguir prestando oídos sordos a los señalamientos que
hacen organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional (FMI), el
cual recomienda a los países emergentes que mantengan su deuda pública por
debajo del 40% o 50% del PIB, la situación de México podría tener un desenlace
ominoso: la devaluación de nuestra moneda al ser incapaz de enfrentar sus
compromisos financieros. Ahí están las opiniones de expertos, los datos de las
calificadoras internacionales que han reducido sus expectativas en torno a
nuestro país y lo ven como de altísimo riesgo para la inversión extranjera.
Me explico: Se estima que la deuda pública en los tiempos
de Peña Nieto rondaba los 10.5 billones de pesos, esto es, un equivalente al
44.9 por ciento del PIB; con AMLO, la deuda se disparó a los 16.7 billones de
pesos, equivalente al 49.3 por ciento
del PIB, mientras que con la actual presidenta Claudia Sheinbaum la deuda es
del orden de los 18.8 billones de pesos, equivalente al 50.4 por ciento del
Producto Interno Bruto, lo cual es harto criminal, desproporcionado, dado que
se tiene una economía que no crece. Así que esto constituye una perversa bomba
de tiempo que podría estallar en corto plazo.
Veremos, amable lector, las consecuencias en breve.

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